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Por ello, la educación que conocemos hoy tiene sentido cuando la analizamos desde una perspectiva histórica, es decir, conociendo su pasado, analizando el presente para construir el futuro educativo de los estudiantes.

Desde la Antropología, se nos explica que, durante miles de años, los niños y niñas se educaron ellos mismos a través de la exploración del entorno y el juego libre, sin imposiciones. Esto fue así hasta que apareció la agricultura primero, y después la industria, donde la educación infantil consistió en reprimir la voluntad con el fin de convertirlos en buenos trabajadores.

Por distintas razones, junto con el avance de la civilización y los cambios culturales, surgió la idea de la educación universal y obligatoria. Ella se fue expandiendo de forma gradual al desarrollarse la automatización de la industria, originando la creación de escuelas como lugares de aprendizaje. Esta idea se fue expandiendo en Europa a comienzos del siglo XVI, junto con el surgimiento de la educación pública y obligatoria.

La educación se veía como instrucción, como el vehículo para imponer ciertas verdades, formas de pensar y de actuar. El método de instrucción era la repetición forzada y la comprobación de recordar, lo que se ha repetido. El repetir y memorizar lecciones les resulta un trabajo tedioso a los niños y niñas, sus instintos los llevan constantemente a querer jugar libremente y a explorar el mundo por su cuenta.

Desde la concepción cultural de instrucción, se asumía que para aprender debía reprimirse la voluntad de los estudiantes, donde las sanciones eran algo intrínseco al proceso educativo. En algunas escuelas eran permitidos los recreos, con el fin de que se pudieran desahogar, claro que el juego no se consideraba un vehículo de aprendizaje y en el aula este era percibido como un enemigo.

En nuestro presente, la educación en las escuelas fue evolucionando y las formas disciplinarias se fueron humanizando, no admitiendo castigos físicos.

Con la expansión del conocimiento, los currículos incluyeron más asignaturas y un número mayor de horas y días de educación obligatoria.

Si bien creemos que hemos realizado grandes avances en el área educativa, todavía falta mucho por considerar, dado que los estudiantes, sin importar la edad, se desarrollan en un mundo tecnológico que los acerca al conocimiento de una forma distinta, más inclusiva y rápida, siendo necesaria una constante innovación en la educación-formación de los mismos. La educación, históricamente, le otorgaba al docente el saber del conocimiento. Este era el único que trasmitía el mismo, era el depositario de la ciencia y eso caracterizó a esas generaciones. Sin embargo, aquellos que en este Presente están en las aulas, son atravesados por los cambios tecnológicos que aportan los estudiantes.

Los docentes en el presente educativo son un eslabón sumamente importante, deben construir nuevas actitudes, incorporar conocimientos tecnológicos y generar dinámicas en el aula que motiven a los estudiantes. Por lo expuesto, es sustancial que los conceptos teóricos que se imparten en el aula tengan una explicación a través de ejemplos reales, que les permitan entender y analizar la importancia y utilidad de los conocimientos que se les trasmiten. Esta dinámica facilita reconocer y comprender los contextos culturales, sociales y económicos, siendo las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) una herramienta que permite crear nuevos enfoques en la enseñanza-aprendizaje. 

Con aportes del pasado (positivos y negativos) se construye el presente. Un presente con innovación y cambios que contribuyen a las ciencias y a la tecnología. Una tecnología como herramienta al servicio del docente y el estudiante en el proceso de enseñanza-aprendizaje.

Dejamos en el pasado un paradigma educativo que no tiene espacio en un presente innovador y tecnológico, donde tanto el docente como el estudiante realizan la apertura al conocimiento con el acompañamiento de las TIC. Es alcanzar la información sin restricciones, pero sin abandonar el pensamiento y la reflexión que caracteriza al ser humano.

Ahora en qué Futuro educativo pensamos, cómo lo podemos anticipar, valorar y desear que sea. Con estudiantes formados en valores al servicio de la sociedad, que tengan una relación con la ciencia y la tecnología, apreciando las múltiples opciones que les brinda el uso de las TIC como herramienta ante los diferentes ámbitos y posibilidades para su desarrollo personal y profesional. 

Es sumamente importante que los estudiantes tengan presente que son parte de la construcción del Futuro, al igual que los escenarios posibles del desarrollo de las ciencias y la tecnología, sin olvidar que toda innovación debe estar al servicio de las personas y del fortalecimiento de la sociedad, para ello, los docentes tienen un rol trascendente como guías y acompañantes de las nuevas generaciones.

Los docentes debemos conocer y reconocer la importancia de integrar las TIC en las tareas a desarrollar en el aula. Es necesario comprender que los sistemas educativos a nivel nacional e internacional están ante el desafío de las tecnologías de la información y la comunicación, y los alumnos ya las tienen incorporadas y las manejan en su vida personal, resultando un requerimiento en el aula para implementar una educación acorde al siglo XXI y sus exigencias. 

Organismos internacionales como la UNESCO (2004), explicita que en el área educativa los objetivos estratégicos deben optimizar la calidad de la misma a través de los contenidos y los métodos, como promover la innovación, la experimentación, la difusión, el uso compartido de la información y de buenas prácticas, como formar comunidades de aprendizaje y, para ello, las TIC son una valiosa herramienta a implementar. 

Cuando se usa la tecnología (TIC) en el aula, se pone el énfasis en el alumno creando un ámbito de aprendizaje más interactivo, debiendo los alumnos abandonar una actitud pasiva y pasar a una participación constante, donde se buscan y se replantean, en forma continua, los contenidos y procedimientos, situación que estimula el compromiso de los estudiantes en las tareas y se motivan creativamente para seleccionar la información que recaban.

Por lo expuesto y desde esta visión, pensar en una educación para el futuro exige analizar la importancia de la misma en campos de la cultura científica con la sociedad. Hoy asistimos a cambios permanentes que acontecen a gran velocidad, donde la tecnología es preponderante para que esto ocurra. Por ello, realizar una prospección educativa es visualizar y valorar el futuro para niños y jóvenes que se van a integrar a los distintos niveles formativos, donde el sentido de enseñanza-aprendizaje es diferente, pero siempre promoviendo los valores humanos en función de generar ciudadanos responsables y respetuosos de sí mismos y de las demás personas que conforman a la sociedad de su país y del mundo.